Kintsugi: el arte de transformar las cicatrices

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Así lo dijo una vez el poeta Leonard Cohen: “Hay una grieta en todo: así es como entra la luz”.

La belleza de la vida también yace de nuestra capacidad de ser resilientes, en cómo, después de enfrentarnos ante situaciones adversas y de las cuales pensábamos que nunca saldríamos, podemos reconstruirnos y descubrir un valor, incluso más profundo. Hablemos del kintsugi, ¡un arte que se volvió filosofía!

¿Qué es el Kintsugi?

En japonés, la palabra Kintsugi significa “reparar con oro”, una práctica que se originó en este país y fue tomando más y más popularidad con los años. Esta técnica consiste en reconstruir una pieza rota utilizando materiales mezclados con oro o plata, principalmente, para que la vajilla ¡cobre vida por segunda vez!

Origen del Kintsugi

Este arte nació en el siglo XV y, según cuenta la leyenda, cuando a Ashikaga Yoshimasa (un dictador militar que gobernaba por aquellos tiempos) se le quebró su taza preferida de té, la envió a China para que la repararan; al ver que el resultado no había satisfecho sus expectativas, decide contactar con algunos artesanos locales para encontrar una manera más creativa y agradable de enmendar la pieza rota, lo que los motivó a hacerlo con polvo de oro, plata o platino, para hacer que las grietas tuvieran más protagonismo, contaran una historia y así, poder resaltar toda la belleza del objeto.

Para muchas personas, el resultado era incluso más fascinante que el original. 

El Kintsugi surge entonces como una forma para convertir los trozos de una vajilla, en un objeto cargado de simbolismo, donde lo imperfecto cobra vida y es clave para obtener una pieza llena de sentido, con gigantísimo valor, única y mucho más hermosa que la original. Una experiencia de resiliencia y fortaleza, donde la pieza, al igual que nosotros, los seres humanos; reconoce el significado de sus cicatrices -sin ocultarlas-, honra su pasado, y logra darse una nueva oportunidad. 

Kintsugi: significado desde la filosofía

Hemos experimentado la filosofía del kintsugi de muchas formas en nuestras vidas o en la de otras personas que también han compartido con nosotros sus dolencias. 

Porque así, tal y como sucede con una pieza rota, hay situaciones que nos hieren, momentos en los que hay lágrimas, tristeza, decepción, y todos ellos representan una oportunidad para aprender y seguir siendo más auténticos y sabios que antes. 

Cuando hablamos del kintsugi buscamos resignificar la imperfección sintiéndonos, de alguna manera, orgullosos de ella; es la forma más sublime de amar lo que nos hace diferentes, de aceptar nuestros defectos, las experiencias pasadas que nos han roto y de reconocer que son parte de nuestra historia, que no hay necesidad de ocultarlas o de reprimirlas, sino, por el contrario, se puede ser digno de mostrar ante el mundo que somos seres frágiles y vulnerables. 

Según un artículo publicado por el blog de la organización Creación Positiva, “El Kintsugi nos permite contemplar nuestra naturaleza humana, cuando observamos desde la fragilidad, el cambio inevitable y el envejecimiento. Así nos damos cuenta de que en nosotros también vive la naturaleza de la transformación”.

Y tú, ¿recuerdas alguna situación en la que afrontaste un momento difícil y hayas podido recuperarte y salir más fuerte? ¡En ARATI nos encantaría conocerla!

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